Alfonso sujetó a Anahí con fuerza, apartándola de su madre como si intentara detener un huracán desatado.
—¡Anahí, por favor, detente! —suplicó, con la voz cargada de incredulidad y miedo—. ¿Acaso te volviste loca?
Ella lo miró con los ojos enrojecidos por la ira y las lágrimas contenidas, el rostro descompuesto por una mezcla de dolor, furia y traición.
—¿¡Loca?! —gritó, sacudiéndose para liberarse de su agarre—. ¡¿Eso crees que soy?! ¡Están planeando usar a mi hijo como si fuera un repuesto! ¡