Anahí se detuvo en seco, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Freddy, aferrado a su cuello, la miraba confundido. Sentía el temblor en el cuerpo de su madre, pero no comprendía el miedo que ella experimentaba. Su inocencia no le permitía entender lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Frente a ella, Edilene, desaliñada, con el rostro empapado de lágrimas, parecía haber perdido el control de sus emociones. La boca entreabierta, como si se hubiera quedado sin palabras, sus ojos reflejaban