Anahí y Alfonso llegaron al hotel de lujo, donde él se estaba quedando. Los niños estaban agotados, pero la preocupación no les quitaba las ganas de moverse, así que los llevaron directamente a la habitación que Alfonso había preparado: un espacio cálido y lleno de juegos, con una decoración infantil que intentaba disimular el dolor que flotaba en el ambiente.
Anahí y Alfonso se sentaron en unas sillas cerca de la ventana. Afuera, la ciudad brillaba indiferente, como si el mundo no se hubiera de