Habían pasado dos meses desde esa noche. Dos meses de dolor sin parar, tanto físico como emocional. Los golpes, los gritos, el control, ya nada de eso me sorprendió. Incluso lo peor, las noches en las que Theo se obligó a mí, se había convertido en algo que esperaba. No lloré más. No me peleé. Ni siquiera soñé con escapar.
Estaba cansado.
Resistirlo solo lo hizo más fuerte, más cruel y siempre en control. Los castigos son más duros. Las noches más largas.
Yo simplemente existía, moviéndome a tr