No dije nada. Acabo de observarla.
Sofía estaba esperando una reacción, por ira, por crueldad, por cualquier cosa que demostrara su derecho. Pero no le di nada.
El silencio se extendía entre nosotros, espeso y sofocante. Se movió bajo mi mirada, sus dedos apretando alrededor de la manta como si pudiera mantenerse unida a través de la mera fuerza de voluntad.
Sus respiraciones fueron superficiales, desiguales, y por un breve segundo, vi algo parpadear en sus ojos, algo vulnerable, algo que estab