Me puse el vestido, la tela se moldeó contra mi piel, pesada con el peso de lo que me esperaba esta noche. Mis dedos temblaron ligeramente mientras abrochaba el último botón, alisando la tela bordada contra mi cintura. El reflejo mirándome en el espejo parecía sereno, pero por dentro, mis pensamientos eran un lío enredado de inquietud y desafío.
Un fuerte golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.
Lina entró, su expresión con cuidado neutral. "El señor Rodríguez te está esperando abajo", d