Sacudí la cabeza, mi pulso rugiendo en mis oídos. "Estás delirando".
Thomas se rió, su pulgar rozando perezosamente mi labio inferior. "¿Lo soy? Entonces dime, Sofía, ¿cuándo fue la última vez que estuviste realmente libre?"
Tragué duro, pero no tuve respuesta.
"Exactamente". Su voz era de seda sobre acero, suave e ineludible. "Nunca fuiste libre. No con Theo. No conmigo. La única diferencia es que no pretendo ser tu salvador".
Sus dedos se desviaron hacia abajo, trazando el pulso golpeando mi