Me quedé allí, el sobre apretado con fuerza en mis manos, mi mente se aceleró. Las palabras en el papel resonaron en mi cabeza: "Estoy observando cada uno de tus movimientos, Sofía, mi amor". No podía dejar de pensar en el primer mensaje que recibí en mi teléfono, luego el del cumpleaños de la madre de Theo. Y ahora, esto, otra nota. ¿Quién podría enviarlos? ¿Por qué?
El dolor de cabeza que había estado golpeando mis sienes empeoró, y sentí una ola de náuseas. Traté de quitarme el mareo, pero s