El viaje de regreso a mi finca fue tranquilo. El olor a sangre y humo aún permanecía en mi ropa, pero no me importaba. Los gritos de Víctor todavía sonaban en mis oídos, una banda sonora de la satisfacción que se cocinaba a fuego lento en mi pecho.
Me dio lo que quería.
Sofía.
Elianna la quería muerta.
Esa perra realmente pensó que podía manipularme: jugar sus pequeños juegos y volver arrastrándose después de borrar lo que veía como un obstáculo.
Patético.
Me recosté en mi asiento, rodando la m