La sonrisa torcida de Theo se hizo más amplia mientras se enderezaba, dando un paso hacia la entrada y bloqueando completamente nuestro paso. Su mirada recorrió las maletas que llevábamos al hombro y alzó las cejas con falsa sorpresa.
—Vaya, vaya —dijo arrastrando las palabras, con la voz cargada de sarcasmo—. ¿Una escapada familiar? ¿Y no pensaron en invitarme? Me hieren.
Se llevó una mano al pecho como si estuviera realmente ofendido, pero el brillo en sus ojos delataba su diversión.
Mi garga