Areliz estaba a punto de dejar que su hijo regresara a los juegos cuando de repente esa sensación de estar siendo observada regreso, pero esta vez no fue solo un presentimiento, esta vez le bastó con mirar a su costado y allí lo vio… a Noah…
Noah se erguía en medio del alegre parque al que Areliz siempre concurría, su figura destacando entre la naturaleza circundante como un faro de elegancia. Su vestimenta refinada atraía las miradas curiosas de los paseantes que pasaban a su lado, incluso de