Areliz no estaba esperando que Noah regresara tan rápido esa misma noche a su casa.
—¿Noah? —Lo miró con la boca abierta desde el marco de su puerta luego de abrirle cuando tocó aireadamente con golpes suaves que casi no la hacen reconocer que era él—. ¿Qué haces aquí? ¿No dijiste que ibas a hablar con Emma?
—No pude… —Bajó la mirada, antes de mirar ansiosa mente al interior de su casa—. Pasaron muchas cosas en poco tiempo, yo… ¿puedo pasar?
—Oh, emm… —Hizo una mueca.
Dylan ya se había ido