Amaya Bezos
Esa mañana salimos de casa de la madre de Roy, ambos con una expresión austera. Mi carácter se había vuelto agrio y él de algún modo se sentía culpable de lo que acababa de pasar. Eso, a pesar de que no sospechaba la mitad de las cosas que había escupido su madre envenenándome el alma.
Intente alejar la nube negra que había puesto su madre sobre mi cabeza, y disfrutar el día.
Lo acompañé a hacer todas sus vueltas, incluso lo referente a su trabajo en la agencia de seguridad. Me ab