Punto de vista de Celia
Me sonrojé al instante. No sabía por qué sus palabras me hacían sonrojar, pero así fue.
Tragué saliva.
—Sí, señor.
Me estudió un momento, como si intentara entender cada cambio en mi expresión. Su mirada no era cruel ni exigente, solo concentrada. Lo suficientemente intensa como para hacerme sentir que podía leerme por dentro.
El señor Romano por fin habló, bajando la voz a un tono bajo pero autoritario.
—Bien —dijo simplemente—. Eso era todo lo que necesitab