Punto de vista de Maya
No dije nada. Solo lo miré, incapaz de encontrar la voz.
—Vení acá —ordenó.
El cuerpo se movió solo. Estaba arrodillada como una perra en la cama justo frente a él antes de darme cuenta.
Sonrió.
—Buena chica.
Se acercó más y se bajó los pantalones un poco más. Su polla saltó y me golpeó la cara con fuerza. El precum se derramó sobre mi cara.
Su verga quedó parada justo frente a mí.
Me miró desde arriba con esa mirada hambrienta.
—Chúpamela —dijo. Su voz er