Punto de vista de Maya
Mi cerebro volvió a la realidad de golpe.
Me giré y alcancé la manija de la puerta. Y justo entonces—
—Hey… esperá.
Me congelé con la mano ya en la barra de salida.
Clásico.
Me giré a medias, el corazón todavía corriendo, lista para poner una sonrisa y desaparecer como una maga con problemas de compromiso. Pero no. No era él.
Era uno de los chicos del equipo —el alto que siempre olía a chicle de menta y a buenas decisiones de vida.
—Te olvidaste la bolsa ade