Leonor se detuvo frente a él, cruzándose de brazos. Su paciencia se había agotado hacía horas.
—¿Y bien, William? —preguntó, intentando sonar preocupada pero sin lograr ocultar su fastidio—. ¿Cómo está ella? ¿Qué dijeron los médicos? ¿Cuándo nacen los niños?
William se plantó seco ante ella. La calidez que había mostrado minutos antes en la habitación desapareció por completo.
—Están estables —respondió con voz cortante—. Lograron frenar las contracciones. Los bebés se van a quedar donde están