Capítulo 17: La carrera contra el tiempo .
En ese preciso instante, María subía las escaleras del ala oeste cargando un montón de toallas blancas recién lavadas. Al levantar la vista y ver a Helena pálida como un espectro, empapada en sudor y sosteniéndose apenas contra el muro, sus manos perdieron toda fuerza. Las toallas cayeron y se esparcieron por los peldaños.
—¡Señora Helena! —gritó, corriendo por el pasillo.
La agarró por los brazos antes de que se golpeara contra el piso. Helena estaba floja, sin fuerzas.
—¿Qué tiene? ¿Dónde le