Después de aquella noche, Helena no encontraba la manera de sacarse de la cabeza lo que había pasado durante la tormenta. Daba igual lo que estuviera haciendo; el beso de William regresaba una y otra vez a su mente, dejándole una sensación extraña en el pecho que no lograba entender y que le daba miedo admitir.
Se sentía confundida. Sentía una atracción hacia él que crecía cada día más, pero su lado racional se negaba a ceder. Sabía perfectamente que acercarse a William era buscar problemas. Co