26. No es una mentirosa
Alaric
—¿De qué mujer hablas, loba? —digo con voz baja—. En el calabozo no hay ninguna mujer.
El silencio que sigue es denso. Peligroso.
Lyra me mira como si acabara de arrancarle el suelo bajo los pies. Abre la boca. La cierra. Vuelve a abrirla. Niega con la cabeza una, dos veces, como si así pudiera desmentirme.
Demasiado teatro para ser una mentira improvisada.
Y eso no me tranquiliza en absoluto.
—Habla —ordeno.
Su garganta se mueve al tragar saliva.
—La… la hay —dice al fin—. Tiene que habe