Lucian estaba sentado rígido detrás de su escritorio, con la mandíbula apretada por una ira apenas contenida. Bella lo estaba volviendo loco.
La noche anterior era borrosa, pero no había estado lo suficientemente ebrio como para olvidar lo que le había hecho. Sin duda, lo mejor que había tenido. El simple recuerdo bastaba para despertar su excitación, endureciéndose incómodamente contra el pantalón.
Peor aún, no podía recordar ni una sola palabra de lo que le había dicho.
Y en ese momento, con