Lucian guió su miembro hasta su entrada y la provocó, arrastrando la cabeza hinchada a lo largo de sus pliegues resbaladizos, golpeándola con fuerza contra su clítoris, dejando que ella sintiera el peso sólido de su polla.
La paciencia de Bella se rompió.
-Métela -dijo-. No me hagas perder el tiempo.
Las palabras le golpearon como una bofetada al orgullo. No sonaba como una mujer desesperada por liberarse, sino como alguien dando órdenes, como si esto fuera solo otro ítem en su lista. Eso lo en