La señora Stone soltó una risa burlona.
-Te odié desde el momento en que te convertiste en el sucesor del negocio de mi marido, Edwin.
Enderezó los hombros.
-Me esforcé mucho en entrenar a mis hijas para que dirigieran la empresa, sin importar cuánto protestara ese viejo. Por eso me desprecia. Yo nunca seguí sus reglas anticuadas. Tú, en cambio, nunca trabajaste por nada. Todo te lo dieron en bandeja.
Su voz se volvió cortante.
-Todo lo que tenías que hacer era casarte con una mujer y darle un