Ava se sentó rígida en la cama de Nolan, visiblemente incómoda. Él le había dado dos opciones... entrar y recuperar su teléfono, o dejarlo y marcharse. Y ahora allí estaba.
-Dame mi teléfono -repitió ella por lo que parecía la quinta vez.
Nolan no respondió. Simplemente se quedó allí de pie, apoyado con naturalidad, envuelto solo en una toalla, observándola.
Ava apartó la mirada rápidamente, negándose a dejar que sus ojos se detuvieran en su cuerpo.
Una lenta sonrisa se extendió por los labios