-Hazlo y te perdonaré -negoció ella.
Draven se quedó congelado de la impresión. ¿Su inocente corderita no era tan inocente después de todo? La audacia en su voz chocaba con esa carita angelical de ojos muy abiertos que lo miraba a través de la pantalla.
-¿Vas a dejar que te vea hacerlo? -preguntó.
-No -dijo Selene con firmeza-. Solo guíame con palabras. Eso es todo. No voy a dejar que veas ninguna parte de mi cuerpo.
Los labios de Draven se curvaron en una sonrisa oscura.
-Algún día lo veré, c