Capítulo 93.
La primera pista de que los asesinos no iban por mí fue simple.
Cuando regresamos… nadie nos perseguía.
Ni un solo lobo tras el carruaje.
Ni uno.
Fruncí el ceño, sintiendo cómo algo encajaba de forma incómoda en mi cabeza.
—Pero entonces… —murmuré, casi sin darme cuenta—. ¿Cómo sabían que Kryos estaba…?
La respuesta llegó sola.
Fría.
Directa.
Mierda. Alguien del templo.
Se me revolvió el estómago.
No tenía sentido seguir pensando en eso ahora. No con lo que estaba pasando.
Sacudí la cabeza con