Capítulo 38.
Quizá también fuera a propósito que no hubiera un alma en los pasillos.
Podía entender que fuera muy tarde —o muy temprano, dependiendo de a quién le preguntaras—, pero aun así me parecía ridículo que no hubiera nadie en los corredores del castillo. El lugar no era pequeño. Los pasillos se extendían como venas de piedra, se bifurcaban, subían en espiral, bajaban en escaleras estrechas, conectaban alas completas del edificio. No era posible que todo eso estuviera completamente desierto.
Incluso