36. Lo que el lobo no negocia.
★Marianne★
El mundo se convirtió en un borrón de sombras y viento.
—¡Adrien! —grité, pero mi voz se la llevó el aire—. ¡Bájame!
No me escuchó. O no quiso escucharme. Su mano apretaba mis muslos con una firmeza que no admitía discusión, y mi rostro golpeaba contra su espalda con cada zancada. Los árboles pasaban a los lados como flechas, el suelo desaparecía bajo sus pies con una velocidad que no era humana.
Saltó sobre un tronco caído. Luego sobre una roca. Luego sobre otra, más alta, y otra, y