En el apartamento, la luz cálida de la cocina iluminaba el silencio.
Tara estaba sentada en la barra con una taza de café entre las manos. Mateo estaba frente a ella revisando algo en su teléfono.
—¿Estás segura de que no querías ir al gastro bar hoy? —preguntó él.
Tara se encogió ligeramente de hombros.
—Lucía tiene que aprender a manejar el equipo sola.
Mateo levantó la mirada.
—Eso suena más a una prueba que a un descanso.
Tara esbozó una pequeña sonrisa.
—Tal vez lo sea.
Mateo dejó el teléf