La tarde siguiente en The Oak Room era muy diferente a la noche anterior.
Sin música, sin clientes y sin el ruido constante de la cocina, el restaurante parecía otro lugar.
Lucía estaba detrás de la barra revisando el inventario.
Había llegado más temprano de lo habitual.
No porque fuera necesario.
Sino porque no había dormido bien.
Cada vez que cerraba los ojos recordaba las miradas del equipo.
Y las palabras del camarero.
“Jugando a ser gerente.”
Suspiró y anotó algo en la hoja de inventario.