El día empezó demasiado rápido.
Tara llevaba quince minutos mirando la pantalla del computador sin leer realmente el correo que tenía abierto.
Las palabras estaban ahí.
Pero su cabeza estaba en otra parte.
Lucía pasó frente a su escritorio con un café en la mano y se detuvo al verla tan quieta.
—Eso es preocupante.
Tara levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Que estés mirando el mismo correo desde que llegué.
Tara cerró la ventana del computador con un clic.
—Solo estoy cansada.
Lucí