A Tara la soledad no le llegó de golpe.
Llegó en detalles, en el lado vacío de la cama que ya no le incomodaba, en la taza que dejó de servir por costumbre doble y las reuniones donde ya no tenía que explicar decisiones en plural.
Tara pensó que dolería más.
Pero la mayor parte del duelo lo había vivido en silencio, mientras aún estaban juntos. Cuando entendió que amar a alguien no siempre significa caminar hacia el mismo lugar.
Ahora no estaba rota, simplemente estaba sola.
Y había una difere