La llamada llegó a las 3:17 a.m.
Harvey no necesitó mirar la pantalla más de un segundo.
Se levantó sin hacer ruido.
Tara apenas se movió.
—¿Qué pasó? —murmuró, medio dormida.
—Mi padre, está en la clínica, pero no necesitas levantarte cariño, te llamaré pronto, descansa un rato más — dijo besando su frente y se marchó.
Eso fue todo, no explicó más, no sabía cómo.
La clinica estaba en silencio, los largos pasillos le daban escalofrios no solo por el aire acondicionado.
Su madre estaba sentada,