Scarlett Ashford
Despertarme fue como resucitar de entre los muertos, pero sin la paz que suele prometer la muerte. Lo primero que sentí fue un dolor sordo y punzante que me recorría desde la cadera hasta el tobillo. Mi pierna izquierda estaba rígida y pesada, como si los músculos se hubieran convertido en plomo durante la noche. Intenté moverme, darme la vuelta, pero el movimiento me provocó un agudo dolor que me recorrió la columna vertebral y me arrancó un grito ahogado de mi garganta seca.