Scarlett Ashford
Caminé por el largo pasillo de la finca Blackwell y me detuve frente a un gran espejo con marco dorado que colgaba cerca de las puertas francesas que daban al jardín. Me quedé mirando a la mujer reflejada en el cristal. El vestido esmeralda de cuello alto ocultaba los moretones, el pañuelo de seda disimulaba las marcas de los dedos en mi garganta y el atrevido pintalabios rojo enmascaraba el pálido miedo que quería temblar en mis labios.
Ya no eres la víctima, le dije a mi refl