**Punto de vista de Stefano**
La recepción del hospital estaba en silencio, excepto por el constante zumbido de las luces fluorescentes de arriba. El sonido era agudo y constante, como burlándose del caótico desorden de mi propio pulso. Miré el reloj. 1:30 a.m. metro. No podía creer que esto estuviera sucediendo realmente. Cada vez que cerraba los ojos, lo veía de nuevo: el pequeño cuerpo de Elena sacudiéndose en esa cama, su cabeza golpeándose contra la almohada. Tenía las manos frías. Sentí