32.
AURORA
Desperté lentamente, rodeada de ese mismo olor a chocolate amargo que comenzaba a ser mi favorito.
El calor de otro cuerpo me envolvía, suave, sereno, haciéndome sentir que estaba en un lugar seguro del que no quería salir.
Abrí los ojos, adaptándome a la suave luz que traspasaba las cortinas, descubriendo que estaba envuelta entre los brazos de Kayne.
Su pecho sube y baja con un ritmo constante; sus ojos permanecen cerrados, imperturbables a los latidos de mi corazón, que comenzaban a a