18.
AURORA
Me desperté de nuevo en su habitación, en su cama, entre sus sábanas.
Y él… estaba de nuevo ahí, sentado entre los muebles oscuros, en su mano una copa de vino y en la otra, un cuaderno de dibujo que creí olvidado.
—Espero que hayas dormido bien—dijo con suavidad, sin levantar la vista, pasando la hoja que reflejaba un dibujo que casi había olvidado.
La noche en la que mi vida comenzó a desmoronarse.
Aquel claro donde nunca recibí a mi loba; solo pude ver cómo los demás lo hacían.
—¿Cómo