110.
AURORA
Desperté de un sueño que se sintió eterno. Ya no sentía dolor, ese mismo que parecía desgarrarme en pedazos; solo había silencio, nada, vacío.
Mi loba seguía teniendo el control; no sabía lo que había pasado, si habíamos ganado, todo lo que sabía era lo poco que ahora podía ver.
«Estas despierta»
«Hola, sí» respondí en un susurro mirando a través de sus ojos en dónde estamos.
El ambiente es sombrío, la tierra seca, los árboles retorcidos sobre nosotras.
No estábamos en tierra