Lokie tarareaba suavemente su canción favorita, la melodía siendo un frágil hilo de calma mientras cargaba sobre sus hombros el peso del día.
El aire nocturno se aferraba a su piel, fresco y pesado, pero había elegido caminar en lugar de tomar un taxi. Cada paso sobre el pavimento silencioso le regalaba unos preciosos minutos para respirar, para dejar que el caos de su mente se calmara antes de enfrentarse de nuevo a la casa.
Llegó a la puerta, sus dedos rozando la fría manija de metal. Con un