Cuando la luz de la mañana se filtró a través de las cortinas, Enzo y Lokie yacían entrelazados en su cama. La cabeza de Lokie descansaba sobre su pecho, el brazo extendido sobre su cintura, las piernas entrelazadas con las de él. Las sábanas estaban retorcidas alrededor de sus cuerpos, cálidas por la noche anterior.
Enzo parpadeó despacio, los ojos abriéndose hacia el techo. El agotamiento pesaba en sus músculos, los recuerdos del coche, del regreso y de todo lo que vino después reproduciéndos