Austin gruñó:
—¿A tu padre no le importaban las amenazas y que hubieses peleado contra renegados tú sola? ¿Siquiera sabía lo de los renegados?
—Se lo dije la primera vez, pero me dijo que para eso me estaba entrenando —me encogí de hombros—. Además, si no le importaba que yo estuviera allá afuera en primer lugar, ¿por qué le importaría que peleara contra un renegado? Pero me gustaría seguir entrenando, si está bien —dije, porque me gustaba entrenar. Podía salir y tomar aire fresco. Además, Rox