Renz también me miraba de forma extraña. Supuse que ir a la casa de la manada era algo normal. Por supuesto, yo no lo sabía porque no se me permitía ser vista para no avergonzar a mi padre y a su familia, de la cual él claramente no quería que yo formara parte.—Oh, hmm, sí, es una larga historia. No querría aburrirlos con eso. ¿Vamos? —dije tratando de distraerlos.Pareció funcionar, ya que se miraron entre ellos y creí que se estaban comunicando por el enlace mental. Genial, eso significaba que iban a seguir sondeándome para obtener información. Realmente no quería volver a visitar todas mis inseguridades esa noche ni nunca. Al entrar por la puerta de la casa de la manada, una vez más me quedé atónita por la grandeza del espacio. Suelos de madera, vigas en los techos; todo tenía un estilo de rancho muy marcado.—Bienvenida a casa, Luna —me dijo Renz. Me sonrojé, al no estar acostumbrada a sentir que tenía un hogar.—Gracias, Renz.—¡AUSTIN! —se escuchó de repente desde algún lug
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