—No hay manera de que me hagas cambiar de opinión, Mandy. ¡No voy contigo, y punto! —dijo Daniella con firmeza, y se levantó del lugar donde estaba para sentarse en la cama.
Mandy suspiró y se giró para mirar a su amiga, que ya había cogido un libro y lo hojeaba.
—Ya pasó, Ella. Olvídalo, por favor, y vayamos juntas a la fiesta de la fraternidad —dijo con voz firme; sus ojos reflejaban anhelo mientras se acercaba a ella en la cama.
Daniella levantó la vista de su libro y miró a Mandy con expres