Para él no es más que un juego de superioridad.
―No te creo.
―Me importa una m****a si no me crees, no es tu asunto ―lo escucho soltar una carcajada, antes de tomarme por sorpresa enganchando uno de sus brazos a mi cintura, mientras que el otro acerca mi rostro al suyo.
―Cuida como me hablas ―susurra sobre mis labios―. Eres muy bonita y esa jodida boca tuya te hace aún más deseable, más apetecible.
¡Todo en mi cabeza grita peligro! Sus manos me sujetan con fuerza ocasionando cierto temblor s