Frunce su ceño de nuevo.
―¿Está usted bien señorita Braun? ―sus brazos permanecen cruzados frente a mí y asiento antes de escucharlo continuar.
―¿Y su mano, está mejor? ―pasea su vista por mi mano lastimada, antes de verme asentir.
Desde el suceso en la clase de música no tengo ganas de lidiar con nadie, y a pesar de ser un gran distractor la migraña que me comenzó en la última clase no se ha disipado. Por otro lado tampoco quiero pelear con él, solo busco conseguir alguna actividad que logre