Matilda le miró desesperada, con arrepentimiento y miedo en los ojos.
—Tadeo… Sé que hice mal, por favor perdóname...
Mis padres se preocuparán si me quedo aquí encerrada...
Tadeo rio y le metió un diente de naranja en la boca.
—Ricardo sí vino a verme ayer, pero después de que le di un contrato, dejó de preguntarme dónde estás, no te puedes comparar con un contrato para él. No hay diferencia si tienes un padre así o no, ¿verdad?
Al ver que la luz de sus ojos se desvaneció, la sonrisa en el rost