...
Al despertarse de nuevo, Natalie se encontró tumbada en un dormitorio desconocido con las manos y los pies atados.
Normalmente esas cuerdas no podían atarla, pero ahora estaba débil, y su cuerpo aún tenía calor, como si tuviera fiebre.
—¡Clic!
La puerta se abrió y entró un hombre con cara grande y gorda, con un trípode y una grabadora de vídeo.
Al ver a Natalie despierta, sonrió lascivamente, y la carne estaba temblando.
—Bella, por fin estás despierta, justo que no me gusta hacer sexo con u