—Mati, me pides que vuelva, ¿ha pasado algo?
Matilda frunció el ceño, —Mamá, ¿dejas a Linda y su hijo en paz ya?
Ante eso, Beata frunció el ceño impaciente, —¿Qué puedo hacer? ¿No ves a tu padre y a tus abuelos defendiendo a esa puta? Tiene un hijo, ¡y qué!
—¡Si no consigues que papá cambie de opinión, Linda va a ocupar tu lugar, y he oído que abuela ha invitado a su madre a comer en la mansión, así que si sigue así, te van a tender una trampa y echarte de casa!
Beata apretó los dientes con rabi