—Déjalo.
—¡Tal vez sea una emergencia!
Natalie se acercó y le tendió el teléfono móvil que estaba sobre la mesilla, con la voz un poco ronca.
—No tenemos prisa.
Leonardo cogió el teléfono, con mucho deseo en los ojos.
—Ya verás si tengo prisa o no.
Se levantó para contestar, sin saber lo que le dijo, su rostro se puso serio de repente.
Después de colgar, giró la cabeza para mirar a Natalie, —Natalie, hay una emergencia en la empresa, voy a solucionarla primero. Espérame.
Natalie se sentó lentame